Hermano Klaus  
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La vida del Hermano Klaus

       
   

"Que el nombre Jesús sea vuestro saludo, os deseamos toda clase de felicidades y que el Espíritu Santo sea vuestra ultima recompensa"

Alrededor de 1672 Con estas palabras nos saluda un místico y político que vivió hace mas de 500 años y desde entonces se venera en Suiza como pacificador y santo. Su nombre es Nicolás de Flüe (1417-1487). Hasta sus 50 años vive con sus compatriotas en el cantón de Obwalden como un distinguido ciudadano, y participa activamente en política. Después de una profunda crisis inferior se retrae en si mismo y pasa sus últimos 20 años ayunando y orando, como ermitaño. Suizos y extranjeros lo van a visitar en busca de consejos. Cariñosamente lo llaman Hermano Klaus. El místico se convierte en un gran consejero político y su fama se extiende por toda Europa.


Su época

En el siglo XV Suiza está en una fase tumultuosa en su desarrollo: guerras interiores y exteriores, corrupción y soborno sacuden el país. En la iglesia también reina una situación desesperada que provocará más tarde la Reforma. Entre 1415 y 1446, Sachseln, la comunidad de Nicolás de Flüe, no tiene párroco ni se dicen misas. Tampoco existen escuelas en el campo. La educación de Nicolás de Flüe es el fruto de experiencias prácticas. En los momentos decisivos de su vida hay sueños, imágenes y visiones que le abren el camino interior y en los cuales interpreta proféticamente las miserias de su época. - Amigos, vecinos y conocidos del ermitaño hacen constar en actas después de su muerte, en el registro parroquial de Sachseln del año 1488 (foto), cómo han vivido con Nicolás de Flüe. Por otras fuentes literarias nos son trasmitidos cientos de relatos de la época. (Obra básica: Durrer /Amschwand, véase la bibliografía.)


Su vocación

Nicolás nace en 1417, es hijo de Heini de Flüe y de Hemma Ruobert, el bautizo tiene lugar en la aldea vecina de Kerns. Más tarde cuenta que se acuerda de su nacimiento y del bautizo. Ya en el vientre de su madre vio una estrella que alumbraba todo el mundo, también percibió una gran roca y un recipiente de aceite. La visión recuerda a Jeremías 1, 5: «Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí.» - Con 16 años, Nicolás ve una alta torre en el lugar donde más tarde estarán su celda y su capilla. Por eso tuvo voluntad, desde su juventud, de «buscar la unión». (Registro parroquia¡, 1488). La «unión» es en cierto modo el motivo de vida de Nicolás de Flüe: reunir a Dios y el mundo, eso es su deseo. Y como una torre viva dará al pueblo orientación y apoyo en el futuro.

Vida en el mundo

Casa de la familia Nico1ds y Dorothee von Flüe- WyssNicolás se hace campesino. En sus años jóvenes también fue a la guerra. Pero «siempre le ha gustado la sobriedad, ha castigado la injusticia y destruido poco a sus enemigos en la guerra, mas les quería proteger en la media de lo Posible.» (Registro parroquial, 1488). Con casi 30 años se construye un hogar y se casa con Dorothee Wyss de 16 años. Les nacen 5 niños y 5 niñas. Nicolás es consejero y juez. Tiene el don especial de servir de mediador entre los grupos enemistados. No toma falsas consideraciones. En 1457, junto a sus compatriotas, procesa a un párroco por pedir demasiadas contribuciones. En 1462 interviene entre el pueblo de Stans y el convento de Engelberg, pronunciándose en favor del derecho del pueblo a elección de párrocos. Nicolás debe enterarse que incluso jueces y consejeros son corruptibles. Se retira de sus cargos políticos y entra en una profunda crisis interior. Cada vez más busca la soledad y el ayuno.


De cara a la verdad

Nicolás reconoce claramente la enfermedad de su tiempo. Adivina los corazones de los hombres que en la vida privada y pública ven sólo su provecho personal. Una vez ve en el sueño la majestuosa montaña de Pilatus hundirse en el suelo: «Toda la tierra se abrió y todos los pecados estaban descubiertos. Un gran número de gente apareció y detrás de la gente, la verdad. Y todos tenían la cara apartada de la verdad y llevaban en el corazón un tumor tan grande como dos puños. Y este tumor era el egoísmo que seduce a las personas. » - Esta visión es tan actual hoy como entonces. La montaña de Pilatus sería hoy el ambiente amenazado, el abismo entre los pobres y los ricos que va aprofundizándose, los millones de seres sin patria. ¿Estamos preparados para mirar la cara de la verdad que aparece detrás de estos fenómenos?


Crisis y despedida

Nicolás lucha por su camino. Por un lado está ligado a su familia, por el otro crece en él el ansia de renunciar a todos los bienes terrenales. Después de dos años de dudas apremiantes, Dorothee le regala el «sí» liberador para el paso a un futuro incierto. Nicolás abandona la casa y la familia en el día de San Galo (16 de octubre) 1467, vestido con un hábito de penitencia. - Para mucha gente es incomprensible cómo Nicolás pudo dejar una mujer y diez hijos. Tal decisión no se puede explicar. Es un hecho singular apenas comprensible. Después, Nicolás dijo muchas veces que era un gran favor de Dios que «ha recibido el acuerdo de la mujer y de los hijos por su vida de ermitaño» (Registro parroquial, 1488). A pesar de la separación, los dos siguen unidos en amor. No hay que subestimar la parte de Dorothee en el santo camino de su marido. Ella también merece, y no menos que Nicolás, la gracia y la veneración.


Hermano Klaus

En su hábito pardo de peregrino, Nicolás camina en dirección de Basilea. En Liestal (a poca distancia de ésta) se detiene: la pequeña ciudad se le aparece roja de fuego. Nicolás conversa con un campesino que viene por el camino. Este le aconseja no ir al extranjero si no servir a Dios en la patria. Nicolás pasa la noche al aire libre. Ahí le cae un rayo de luz del cielo que le duele tanto como si le cortaran el cuerpo con un cuchillo. Nicolás regresa. Sin comida ni bebida llega a su pueblo. Unos cazadores lo descubren en la montaña. Sigue buscando su puesto para instalarse hasta que cuatro luces se lo indican: en su propio terreno, a unos cien metros de su casa y de su familia, abajo en el profundo abismo del Ranft, al lado de un riachuelo. Pasa el invierno en pobreza y en el frío. Al año siguiente, sus compatriotas le construyen una casita y una capilla. El campesino Nicolás de Flüe se convierte en el ermitaño Hermano Klaus.


Ayuno profético

Desde la noche en Liestal, el Hermano Klaus vive sin ningún alimento corporal. Se muestra reservado con los curiosos que le interrogan sobre su ayuno y sólo contesta: «Dios sabe». Pero una vez dice: «Cuando estoy en misa y el sacerdote celebra el sacramento, recibo tal alimento que puedo estar sin comida ni bebida; sin esto no lo soportaría» (Registro parroquial, 1488). -Con su ayuno, Klaus está en agradable contraste con la tardía Edad Media, sensual y apasionada por los milagros. Ayunar para él no es, en el fondo, nada extraordinario. Siempre lo quiso hacer. Su hijo Hans cuenta: «Desde que tiene uso de razón su padre siempre huía el mundo. También ayunaba cada semana cuatro días y durante el tiempo de cuaresma nada más comía que un pequeño trozo de pan y unas pocas peras secas por día» (Registro parroquial, 1488).

Las dos ventanas

El interior de la celda: las dos ventanasAún como ermitaño, el Hermano Klaus tiene sus dos pies en el suelo. El enviado milanés Bernardo Imperiali escribe el 27 de junio de 1483 a su duque sobre el Hermano Klaus: «Lo trovato informato del tutto» (lo encontré informado de todo). El ermitaño está al corriente. Tiene la mente despierta y va al fondo de las cosas. En su celda, una ventana da al interior, al altar de la capilla. La otra muestra hacia afuera, hacia la gente. Lo que llega al Hermano Klaus del exterior, lo lleva en la oración a Dios. Lo que le es regalado en el rezo, él lo devuelve a la gente. Su consejo viene de la profundidad. - Nosotros, la gente de hoy, estamos expuestos a una ola de informaciones pero nos quedamos en la superficie y siempre consumimos nuevas cosas. El Hermano Klaus no consumía sino ayunaba. Cuando la gente va a lo profundo, una nueva vida crece para el mundo.

Vida desde el centro

«El Hermano Klaus es solo un puro lego que no sabe leer» (Heinrich Wölflin 1501). Pero a pesar de esto, el ermitaño habla de su «libro». Es un dibujo con la estructura de una rueda. El movimiento va desde el centro y vuelve a ése. El dibujo de la rueda fue publicado en 1487 por un peregrino desconocido con una explicación del Hermano Klaus: «Esto es mi libro en el cual yo estudio y busco el arte de esta enseñanza.» El llama a la rueda la figura en la que contempla el ser de Dios: «En el punto más central está la divinidad indivisa de la cual todos los santos gozan. Como los tres rayos, las tres personas parten de una divinidad y circundan el cielo y todo el mundo.» - Existía ya en vida del ermitaño una versión ilustrada de esta rueda (véase el dorso de este folleto). Los dos dibujos dan testimonio de la sabiduría profunda y de la razón clara de este "puro lego".


El pacificador

Mucha gente llega al Hermano Klaus pidiéndole consejos: mujeres y hombres, jóvenes y viejos, pobres y ricos. Los duques de Austria, Milán y Venecia tienen contactos con él, y también los lugares federales (cantones). En un tiempo lleno de intrigas, el Hermano Klaus está por encima de los partidos. Su vida persuasiva le da la máxima autoridad moral. Cuando los confederados, después de la victoria sobre Borgoña, llegan al borde de una guerra civil por el rico despojo y por rivalidades políticas, el Hermano Klaus puede coadyuvar fundamentalmente a la paz (contracto de Stans, 1481). Desde entonces tiene fama de pacificador y se lo consulta en conflictos políticos y eclesiásticos como mediador, así por ejemplo en la disputa de la reforma por la renovación del convento de Klingental en Basilea (1482) o en el conflicto entre la ciudad de Constanza y los confederados (1482).


Paz y justicia

Gracias al Hermano Klaus, los confederados enemistados consiguen un contracto federal duradero en 1481. En su carta al consejo de la ciudad de Berna (1482) nos dice el ermitaño de qué depende la paz: «... obediencia es el mayor honor en el cielo y en la tierra, por eso debéis aspirar a ser obedientes. ... la paz está siempre en Dios porque Dios es la paz.» - La paz no se puede ordenar. Es un regalo. Los conflictos sólo se pueden solucionar en pleno respeto mutuo (ser obedientes). No hay paz sin justicia. Por eso, ésta apela a lo más profundo en el hombre y pide nuestro mayor esfuerzo. La paz se basa finalmente en el «ser unido», en el ser uno con Dios. - Desde 1981, en el Flüeli cerca de la celda del santo, existe una aldea de la paz: un lugar donde jóvenes y viejos tratan de aprender la paz.


Mi Señor y mi Dios

El 21 marzo de 1487, con 70 años, murió el Hermano Klaus. Su oración privada lo ha guiado en su vida:

Mi Señor y mi Dios, quítame todo lo que me impida llegar a Ti.
Mi Señor y mi Dios, dáme todo lo que me aproxime a Ti.
Mi Señor y mi Dios, tómame a mí y dáteme todo.


Un Santo ecuménico

El Hermano Klaus vivó aún antes de la Reforma pero varios de sus primeros biógrafos ya son reformados. El ermitaño advierte a nuestras iglesias no vigilar en primera línea sobre las fronteras sino hundirnos en el centro. En el centro, en la divinidad triple se halla el «ser unido». Es importante que vivamos verdaderamente desde el centro de la fe. - El reformador de Zúrich Huldrych Zwingli se refiere varias veces al Hermano Klaus. Los reformados ven en el Hermano Klaus sobre todo en la lucha contra los mercenarios a un confederado. El está por encima de los partidos, «une las confesiones y culturas distintas: él es el mejor Yo de Suiza» (así dice el teólogo reformado Georges Méautis, 1940). Y Karl Barth opina en la ocasión de la sanctificación (1947): «A pesar de la canonización que negamos fundamentalmente, el Hermano Klaus sigue siendo nuestro santo también.»


El Hermano Klaus pertenece a todo el mundo

Los contemporáneos llaman al ermitaño, aun en vida, un «santo vivo». Su fama se extiende por toda Europa. El relato probablemente más impresionante de un viaje ante Hermano Klaus viene de Hans Waldheim de Halle, en Sajonia. El se encuentra con el ermitaño el 25 de mayo 1474, junto a su mujer Dorothee y su hijo menor. En 1487 aparece en Nuremberg un libro ilustrado sobre el dibujo de la rueda del Hermano Klaus. Entre los primeros peregrinos que visitan la tumba después de la muerte del ermitaño hay un pescador de Dinamarca y un orfebre de Erfurt. Los dos vienen de Santiago de Compostela a Sachseln y consiguen curar de su enfermedad. - El poeta suizo Heinrich Federer escribe en 1921: «El Hermano Klaus es demasiado grande para ser sólo suizo. Pertenece a todo el mundo.» Hoy existen en cuatro continentes cientos de iglesias, capillas y escuelas consagradas al santo de la paz, Nicolás de Flüe.

     
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